Carritos: un mercado inexplotado

A veces las cosas están ante nuestra vista y estamos tan acostumbrados a que estén allí que no podemos verlas. También ocurre que lo que nuestro cerebro no puede catalogar, directamente no lo ve, aunque el nervio óptico funcione bien.

Desconozco si todos los argentinos tenemos problemas con nuestros nervios ópticos o con nuestro cerebro y sus categorías. Pero el otro día estaba pensando en el carro de comidas como concepto y de pronto algo que estuvo siempre allí y sin embargo...

Por qué razón los carros de comidas en Buenos Aires sólo se dedican al chori, a la hamburgesa, a la bondiola o al churrasquito? Particularmente soy absolutamente cárnico y me encantan esos cuatro productos, pero lo que me resultó inexplicable es por qué razón no hay otra opción.

Imaginé un carro diferente... no una mugre que chorrea grasa -lo folk tiene su onda pero bueno, la limpieza también- sino algo donde a uno le den ganas de comer y quedarse.

Skillet Street Food que es una compañía de catering móvil que va brindando cenas por diferentes ciudades de Estados Unidos tiene uno que vale la pena verse.

Y aprovechando que se cocina frente al gran público, digo yo, en lugar de tener la plancha de hierro con grasa histórica acumulada -lo cual, reconozcamos, le da cierto sabor único a las cebollas- no imaginar algunos fuegos y woks para hacer verduras saltadas con brotes y pollo o langostinos, o tal vez una de esas sopas chinas picantes ideales para el frío y la gripe.

Puede ser que no haya mercado para esto... sin embargo tampoco había para comer pescado crudo y ahora el sushi es un gran éxito. Y esto de comer al paso es interesante en cualquier ciudad del mundo ( Anthony Bourdain y Andrew Zimmerman van por la septima temporada de TV con esa temática) y el costo de un emprendimiento de este tipo es sustancialmente menor al de instalar un restaurant.

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