Algún fanático de Game of Thrones, o para ser más precisos "La Canción de Hielo y Fuego" como es su título original más allá de la miniserie de HBO, sabrá que en la saga se le da mucha importancia al fin del verano y comienzo del invierno (aparentemente otoño y primavera no existían en la tierra mítica de Westeros). Los inviernos solían durar largos años y caracterizarse por su dureza climática además de la aparición de unos seres horripilantes y sobrenaturales llamados "Otros". En ese mundo mitológico, desde el frío Muro del Norte se enviaban cuervos blancos a cada rincón del mapa anunciando que el verano se había terminado y que el invierno comenzaba.
A mi la aparición del invierno no me causa temores sino los inconvenientes propios causados por el frío y una serie de trámites aburridos como verificar los termostatos, las estufas y la cuenta del gas. Pero también implica la alegría que me causa el comienzo de temporada de los platos de inviernos: sopas, guisos y estofados.
Y el primer plato de este tenor es como el anuncio del Invierno. Invito a muchos amigos a comer y preparo una de esas bombas atómicas que con tanto placer nos llenan de calorías. A veces es un cassoulet, a veces un puchero, a veces un locro. Este año fue el pastel de ossobuco y mollejas.
Mostrando entradas con la etiqueta Pastel de papas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pastel de papas. Mostrar todas las entradas
Suscribirse a:
Entradas
(
Atom
)
